- Para Alberto Juárez, vicepresidente global de Identidad Digital en Sovos, la primera línea de defensa frente a un fraude no está en los sistemas de seguridad, sino en las personas.
Cada fin de año, millones de transacciones digitales se concentran en pocas semanas. Desde plataformas de comercio electrónico hasta servicios financieros, el aumento del consumo también incrementa el riesgo de fraudes, robos de identidad y filtraciones de datos. En el Perú, la suplantación de identidad se ha convertido en el delito informático de mayor crecimiento, con más de tres mil denuncias registradas solo en la primera mitad de 2025, según la Fiscalía de Delitos Informáticos.
A la par, los ciberataques en el país crecen a un ritmo de 30% anual, ubicando al Perú entre los tres países latinoamericanos más afectados, después de México y Brasil. Este panorama obliga a las empresas a fortalecer sus medidas de seguridad digital, en especial durante la temporada alta de ventas, donde la presión por responder con rapidez puede abrir brechas en la protección de la información. Expertos de Sovos, compañía líder global en soluciones de identidad digital y cumplimiento tributario, comparten sus recomendaciones para reducir riesgos y construir una cultura de prevención.
Seguridad y regulación: la educación como primera defensa
Para Alberto Juárez, vicepresidente global de Identidad Digital en Sovos, la primera línea de defensa frente a un fraude no está en los sistemas de seguridad, sino en las personas. Las empresas deben comenzar reforzando la cultura interna de protección como una práctica transversal, que involucre a todos los niveles de la organización y no solo al área de TI.
«Cada integrante de una empresa es una puerta que puede abrirse en cualquier momento. Por eso, todos —desde un gerente hasta un colaborador nuevo— deben ejercitarse en detectar y reportar intentos de fraude«, señala.
El especialista advierte que muchos ataques comienzan con tácticas simples de ingeniería social como mensajes urgentes, solicitudes secretas o promesas de recompensas rápidas. «Si algo es urgente, involucra dinero y te piden mantenerlo en secreto, hay que dudar. Esos son los tres indicadores típicos del fraude«, explica.
Juárez resalta la importancia de no ocultar los intentos de ataque: «Si los callamos, perdemos información valiosa que podría servir a toda la comunidad digital. En el Perú, la obligación de reportar incidentes en 48 horas es un paso positivo, porque nos permite construir una base de conocimiento común«, agrega.
Entre sus recomendaciones para las empresas destaca la autoevaluación y mejora continua, mediante auditorías internas y estándares como ISO 27001; la educación permanente de empleados y aliados; la minimización de datos personales, recolectando solo la información estrictamente necesaria; la integración de sistemas de verificación de identidad robustos; y la transparencia en las políticas de privacidad.
Finalmente, enfatiza que las compañías que tratan la seguridad como una inversión y no como un gasto logran construir relaciones más sólidas con sus clientes, especialmente en temporadas donde la confianza es clave. También propone fortalecer la colaboración multisectorial, compartiendo información sobre ataques para mejorar la defensa colectiva.
Equilibrio entre seguridad y experiencia de usuario
En un escenario de alta vulnerabilidad frente a fraudes, el reto no solo es proteger la información, sino hacerlo sin afectar la experiencia del cliente. Para Alberto Juárez, «el equilibrio entre seguridad y usabilidad es uno de los mayores desafíos en el desarrollo de soluciones digitales«.
Juárez explica que una capa de protección con verificación de identidad excesivamente compleja puede generar abandono en los procesos de compra. «La seguridad tiene un propósito, pero no debe volverse una barrera. La clave está en medir qué tanta fricción es necesaria según el tipo de transacción: no es lo mismo comprar un libro que solicitar un préstamo de dinero«, precisa.
El diseño de los sistemas debe ser centrado en el cliente, pero con una gestión del riesgo inteligente. Recomienda aplicar autenticaciones adaptativas, que ajusten el nivel de verificación según el tipo de transacción o el comportamiento del usuario. De esta forma, las operaciones de bajo riesgo pueden mantenerse ágiles, mientras que las más sensibles incorporan pasos adicionales como un segundo factor de autenticación o verificación facial.
Además, recomienda realizar pruebas periódicas de usabilidad y seguridad, y mantener una actualización continua frente a nuevas amenazas.
«Encontrar el punto medio entre seguridad y experiencia es una tarea dinámica. No hay soluciones únicas, pero sí procesos que evolucionan con la tecnología y con las necesidades de los clientes«, añade.
Panorama peruano y conciencia digital colectiva
El Perú se ha convertido en uno de los países de la región con mayor crecimiento en digitalización, pero también con uno de los índices más altos de vulnerabilidad frente a fraudes digitales. Según un estudio reciente de Kaspersky, el 75% de los peruanos no logra identificar contenidos falsos generados por inteligencia artificial, lo que incrementa las posibilidades de engaño.
Para Marita Dávila, directora de ventas de Sovos en Perú, el reto implica construir una cultura digital responsable tanto en empresas como en usuarios. «Todavía existe una brecha de conciencia sobre la protección de datos y la identidad digital. Las empresas deben invertir en tecnología de verificación, pero también en educación, comunicación y cultura de prevención«, afirma.
La reciente Ley N.º 32314, aprobada en 2025, incorpora el uso de inteligencia artificial como agravante en delitos digitales como la suplantación de identidad mediante deepfakes, estafa o difamación. Este avance normativo busca reforzar la confianza en los entornos digitales, pero también exige mayor educación y responsabilidad en el uso de la tecnología.
La temporada alta de ventas pone a prueba no solo la capacidad comercial de las empresas, sino también su madurez digital. En un contexto donde los fraudes, los deepfakes y los ataques cibernéticos crecen a ritmo acelerado, la prevención, la educación y la colaboración multisectorial se convierten en las mejores estrategias para preservar la confianza y la seguridad de los consumidores.
