Locos por las aves: terminó con éxito XI Feria de Aves de Sudamérica – Cusco 2022

Guillermo Reaño desde la Feria de Aves de Sudamérica / Viajeros

Sentado como un tótem en el stand de Neotropical Club Bird, uno de los 48 expositores en la plaza San Francisco, Barry Walker saluda a los participantes que lo reconocen mientras se da maña para atender a los pajareros que han venido de todas partes – de 20 países han señalado los organizadores- para disfrutar con sus pares peruanos el encuentro anual de los birders sudamericanos. El sol no da tregua y lo castiga con dureza.  Barry sabe de estas ocurrencias: se ha pasado la vida recorriendo los pliegues de la cordillera andina y la Amazonía para registrar aves.

Hubo un tiempo, lo he recordado en la mañana, en que Barry y Peter Frost, un indianajones que dejó para la inmortalidad un libro que todavía se puede conseguir en las tiendas para gringos de la plaza de armas, Exploring Cusco, eran las voces autorizadas si lo que se quería era recorrer con autenticidad los infinitos caminos del Perú. La Guía de Campo de las aves de Machu Picchu y la región Cusco, el vademécum aviar trabajado por Barry Walker era una biblia, la segunda en esos años sin guías para pajarear en el Perú, después del libro de los esposos Koepcke, un magnífico librito que apenas mostraba las aves de Lima. Ciento y pico, nada más.

Barry no pudo dar la conferencia que los organizadores de la XI Feria de Aves de Sudamérica nos habían prometido. Su salud, no sus ánimos, se descompuso: los años no dan tregua, y el estudioso se vio obligado a postergar su intervención. La escucharemos en Mindo, Ecuador, el próximo año, lo dijo uno de los miembros de la nutrida delegación ecuatoriana, la más numerosa de todas, a la feria cusqueña.

En el segundo día del evento y también en el tercero, el de cierre, las mañanas estuvieron dedicadas al pajareo por los extramuros de una ciudad cuyos vecinos no han terminado de entender la importancia que tiene su región para los birders de todas partes. Desde cualquier punto de la Llaqta Sagrada diariamente salen los grupos de avistadores de aves para cumplir con sus afanes. Los organizadores del evento y los touroperadores que los apoyan, elaboraron una parrilla con propuestas interesantísimas para los feriantes: laguna de Huacarpay, Abra Málaga, San Salvador, Maras y Moray, el Valle Sagrado, Salkantay y como no, el Parque Nacional Manu. También Machu Picchu, el Santuario Histórico es un emporio de emplumados, allí fueron a pajarear los niños del hogar para párvulos en abandono Casa Generación que llegaron desde Lima para presentar en la feria su propuesta de educación ambiental.

Locos por las aves

Tim Appleton, fundador de la Reserva Natural Rutland Water, en Gran Bretaña y creador de la Birdwatching Fair, la principal feria europea, deleitó a los concurrentes a las sesiones del segundo día del evento con sus impresiones sobre los aportes del turismo de observación de aves al desarrollo de las comunidades locales. Eso lo  saben muy bien Gloria Jilahuanco de Gallito de las Rocas Lodge, un alojamiento para pajareros en Pillcopata, la puerta de ingreso al Manu y Nórbil Becerra, del observatorio de colibríes del bosque de Arena Blanca en el Alto Mayo, al otro lado del país, dos de los birders presentes en la feria dedicados al oficio en destinos alejados de las grandes ciudades.

De los aportes de los observadores de aves y de la industria que se mueve alrededor de ellos, hablé largo y tendido con Mauricio Ossa y Niky Carrera, Mauro y Niky, una pareja de publicistas colombianos que dejó atrás sus cómodas posiciones laborales para recorrer su país, y muy pronto la región sudamericana, promoviendo el amor a las aves y el cuidado de los lugares por donde estas se mueven. Y haciéndolo, además, con absoluta creatividad. Desde Birds Colombia, su plataforma por internet, estos enamorados de la vida natural le están hablando al continente de lo que podríamos hacer por el planeta si nos tomamos de la mano y, unidos, protegemos el patrimonio natural que heredamos y que estamos destruyendo a la mala. Su charla el día del cierre de la feria fue una de las más aplaudidas.

Como que fue muy comentada la ponencia del profesor Rodolfo Sánchez Garrafa sobre el simbolismo de las aves en la cosmovisión andina. En las leyendas y en los mitos de las civilizaciones que prosperaron en nuestro terruño y en la tradición oral que conservan los pueblos andinos de la actualidad, la presencia de las aves es notable.  “Urpillay sonqollay”, aprecio tu corazón de paloma, exclaman los amantes cuando se trata de hablar de amores…

Maestra vida

Llegada la tarde del día del cierre, la expectativa por escuchar a Joseph del Hoyo, el padre del imprescindible y monumental Handbook of the Birds of the World y pajarero por 115 países del planeta, iba in crescendo.  Tuve la suerte de cruzarme con el estudioso, que es una verdadera celebridad, en la plaza San Francisco como quien se topa con Jacques Cousteau o David Attenborough en una calle cualquiera y expresarle mi admiración. Impertinente como todo periodista intenté extraerle una primicia: “Qué se yo, me dijo cuando le pregunté por todas las aves de su checklist, deben ser ocho mil cuatrocientos ochenta y algo más”. Lo acompañaba Gregorio Ferro, pajarero cusqueño y guía en alguno de sus ocho arribos por aquí para registrar aves. “El Perú debe ser el país donde más especies de aves he visto, más de mil seguramente”. Qué bárbaro.

Del Hoyo, un médico de pueblo apasionado de la vida natural inició hace más de cuarenta años un viaje que aún no termina: recorrer el planeta en su totalidad para registrar todas las aves que lo habitan y poner al alcance de cualquiera ese arsenal informativo. Cuando el recién estrenado pajarero empezó su registro no existían ni eBird ni Merlin y en materia de fotografías los avances tecnológicos no diferían en mucho a los que conocieron Robert Capa o Henri Cartier-Bresson.

Tarea enciclopédica que no acaba, en la región sudamericana los reportes de nuevas especies siguen escarapelando el cuerpo de los pajareros. La pugna por el segundo puesto en el mundo en especies de aves entre Perú y Brasil aún no se dilucida. Bruno Arantes, pajarólogo carioca, le pidió al respetable, a poco de iniciar su conferencia y de manera muy amistosa, que zanjara la controversia. El comité organizador local miró para otro lado. Yo también.

La conferencia de Joseph del Hoyo tuvo momentos épicos. Su testimonio personal, personalísimo, cargado de sencillez y bonhomía, dos conceptos, dos maneras de ser y estar en el mundo francamente en desuso, fue conmovedor. También las imágenes que presentó dando cuenta de su peregrinaje por el mundo y de lo mucho que se ha ido avanzando en el conocimiento de las criaturas aladas que nos rodean. Y que estamos obligados a  proteger para salvarnos. Al final de su relato, cuando le tocó hablar de su encuentro en Camboya con Thaumatibis gigantea, el ibis gigante dado por extinto, fue apoteósico. El público en pleno se puso de pie para aplaudirlo.

Impresionante.

Y don Joseph, un hombre con pinta de abuelo viviendo de su jubilación, descendió del escenario azorado, como quien ha producido un estropicio y quiere resarcirlo.

Mindo 2023 a la vista

Con la charla de Joseph del Hoyo se cerraron las exposiciones, el evento ingresaba a su etapa culminante. Horacio Matarasso, el hombre fuerte detrás de las ferias sudamericanas no cabía en su pellejo. La del Cusco había sobrepasado las expectativas de los organizadores: Fernando Angulo, Dennis Osores, Steve Salas, Thomas Valqui, Gina Gaete y las decenas de chicos y chicas que colaboraron todos estos días tampoco podían esconder su alborozo. No era para menos, el trabajo había sido arduo y el poco apoyo de las entidades estatales, lo dijo con todas sus letras Steve Sánchez, una constante. Vergonzoso, en el segundo país con más especies de aves en el mundo, perdón Bruno Arantes, el Estado a través de Promperú, el organismo público encargado de la promoción del turismo, prefirió gastar en plena pandemia US$ 2,57 millones en un evento de skateboarding que jamás se llevó a cabo.

Contraste notable entre los regalos sorteados al final del evento: el de Swarovski Optik, una de las empresas expositoras fueron unos binoculares de más de 2500 dólares que se llevó una suertuda pajarera colombiana; el de Promperú, con nuestro dinero, apenas fue un desangelado maletín que contenía, estoy seguro, material de merchandising que sobró de alguna otra feria. Penoso.

La ciudad de Cusco fue una fiesta. El Perú pajarero volvió a sentir que esta porción del planeta sigue siendo el Edén natural de aves, a tenor de la afortunada frase que cinceló a inicios de este milenio Thomas Valqui. Las decenas de muchachos y muchachas, todos miembros del equipo que sacó adelante el evento, los niños de Casa Generación, los pajareros que llegaron desde todas las regiones del país, usted que nos ha seguido durante tantos días, la señito que nos confesó que soñaba convertirse en picaflor para seguir volando alto, sentimos que hemos alzado vuelo. Y que esta vez la andadura, la voladura para decirlo con mayor precisión, será definitiva.

Epílogo

En el desolado patio del Centro de Convenciones de la Municipalidad Provincial del Cusco, a las diez de la noche del último día de trajines, cuatro ilusos, los últimos participantes en irse a casa, tratamos de sobrellevar, con una botella de pisco en mano, la emoción que acabamos de vivir. Le pregunto a Fernando Angulo por el balance, han sido meses de agotadoras jornadas y de imprevistos de todo tipo, finalmente soy un periodista detrás de una primicia. Fernando, otro indianajones por estos pagos, me dice: “Aguanta, esperemos unos diez días y conversamos: hay que evaluar lo sucedido con calma y ponernos muevas metas.

Qué sea así. Bienvenido Mindo, Ecuador, octubre 2023. Allí nos volveremos a encontrar. Qué el vuelo continúe.