Infraestructura crítica sostenible: clave para el futuro de la economía digital

Por Alexandra Belaúnde, BA Sales Director de Arcadis Chile & Perú

La transformación digital suele asociarse a avances tecnológicos cada vez más sofisticados. Sin embargo, detrás de cada aplicación, modelo o servicio existe una realidad menos visible: la infraestructura crítica que hace posible su funcionamiento.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), el consumo eléctrico de los data centers podría más que duplicarse hacia 2030, alcanzando cerca de 945 TWh, una demanda equivalente al consumo anual de electricidad de Japón.

Este crecimiento no solo plantea desafíos para la infraestructura energética. También abre una oportunidad para redefinir cómo se diseñan, construyen y operan los data centers. Latinoamérica cuenta con condiciones especialmente favorables para ello, gracias a la disponibilidad de energías renovables y al potencial para incorporar soluciones innovadoras en eficiencia energética, gestión del uso del agua y resiliencia operacional.

Una lección recurrente que vemos en la industria es que aprovechar esta oportunidad exige integrar criterios de sostenibilidad, energía e ingeniería desde las etapas tempranas de los proyectos. Esto implica considerar desde la planificación y diseño aspectos como la disponibilidad energética, la eficiencia hídrica, la selección del emplazamiento, la resiliencia frente a eventos extremos y la incorporación progresiva de fuentes renovables y nuevas soluciones de almacenamiento energético.

La sostenibilidad de los data centers no depende únicamente de lo que ocurre dentro de sus instalaciones. También está estrechamente vinculada a la existencia de redes de transmisión capaces de conectar estos proyectos con fuentes renovables y garantizar un suministro confiable. A nivel global, la industria está avanzando hacia modelos que reducen la dependencia de sistemas de respaldo basados en diésel y buscan alternativas más sostenibles para garantizar la continuidad operacional. En una región con un importante potencial para liderar esta transformación, será fundamental avanzar hacia prácticas más estandarizadas, marcos regulatorios predecibles y una planificación territorial capaz de equilibrar desarrollo económico y ambiental.

Bajo esta mirada, la infraestructura crítica deja de ser un conjunto de elementos independientes para convertirse en un sistema integrado donde energía, agua, conectividad, resiliencia y gestión deben evaluarse de manera conjunta. Incorporar estas variables desde el inicio permite optimizar costos, reducir riesgos y fortalecer el desempeño futuro de los proyectos.

En un mundo cada vez más digital, el éxito de los data centers no dependerá únicamente de su capacidad de procesamiento. Dependerá también de la capacidad de diseñar infraestructuras resilientes, eficientes y responsables desde su origen. La oportunidad para América Latina no es solo acompañar el crecimiento de la economía digital, sino contribuir a definir las bases que la sostendrán en las próximas décadas.